Llevo muchos años trabajando en televisión, y siempre he escrito para los demás. Ya fuese para coordinadores de guión, para rostros televisivos, para señoras de Cuenca (si eres guionista sabrás a lo que me refiero) o para presupuestos ajustados. Y entonces, un día, descubrí que podía escribir para un público al que nunca me había dirigido: yo mismo.

Y ese nuevo público resultó ser muy exigente. Me demandaba ser fiel a sus gustos, me obligaba a escribir sin pensar en la viabilidad comercial ni en las tendencias de ese momento.

Así que esta fue mi primera lección vital: si vas a escribir para ti mismo, prepárate para enfrentarte a un público realmente exigente, a un público al que no podrás engañar y que no aceptará concesiones comerciales,  que no estará conforme hasta que vea plasmado todo eso que siempre ha querido devorar entre las páginas de un libro.

Si estás dispuesto  a asumir ese riesgo, te aseguro que disfrutarás. Y mucho.

Ya puedes conseguir aquí mi libro Los Durmientes

 

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