Además de dedicarme a escribir, también he hecho mis pinitos como realizador. Desde siempre me ha llamado el género fantástico, y allá por 2005 dirigí un cortometraje de género titulado Figuritas.

Ahora lo veo con nostalgia, y por supuesto con millones de errores que no volvería cometer. Pero ahí ya subyace una de las ideas que me han rondado la cabeza desde que me dedico a esto de escribir: los enemigos que no encajan con el rol de enemigo.

Y es que siempre me han gustado los enemigos más inesperados, y apliqué la pregunta que planteo en este post anterior:

¿Y si tu mayor enemigo fuese un enanito de jardín?

Porque los mejores enemigos son aquellos más inesperados, esos que no encajan con la visión clásica que podemos tener de ellos. No hay nada más peligroso que el enemigo cortés y amable, que el ser frágil que esconde en su interior a un monstruo.

Porque, en definitiva, nos gustan los contrastes, nos encantan los opuestos, ya que de esa oposición de términos nace el conflicto.

Quien mejor lo ha plasmado en una película en los últimos años, creando toda una tesis de ello, es M.Night Shyamalan en “El protegido (Unbreakable)“. En la película, el archienemigo y villano de Bruce Willis es un tipo con una enfermedad que provoca que el más mínimo roce rompa sus huesos. Esa enfermedad es a la vez la razón de su maldad, el motor que mueve su búsqueda del opuesto. Si él es el tipo más frágil del mundo, por lógica debe existir el contrario, el tipo irrompible, algo que daría sentido a su carga.

Otro ejemplo es Damien, donde tenemos representada a la pura esencia del mal en el cuerpo de un niño frágil y reservado.

Y lo mismo sucede con “El exorcista”.

Piénsalo bien. ¿Qué da más miedo, un vampiro cachas hipermusculado o una adorable niñita que esconde a un monstruo sediento de sangre en sus entrañas? ¿Qué da más miedo, Godzilla o un muñeco con vida propia?

¿A que doy miedito?

¿Qué impone más, un villano con gran fuerza o con una perversa inteligencia? Si dudas, te recomiendo que le preguntes a Steven Moffat, showrunner de Sherlock y de la maravillosa Doctor Who, donde te encontrarás miles de enemigos que encajan en este binomio debilidad-maldad.

El mal se esconde en lugar más inesperado, y cuanto más frágil y poco poderosa resulte su apariencia, más poderoso deberá ser. De alguna manera inconsciente comprenderemos que ese villano, carente de la fuerza bruta, ha encontrado mecanismos mucho más terribles y refinados para conseguir sus fines.

Además, existe un factor decisivo a la hora de crear este tipo de villanos, y es la ocultación de información. Cuando vemos a esa niña adorable e indefensa no podemos calibrar su verdadera fuerza, no sabemos qué poder se esconde en su interior.

Lo mismo sucedía con Freezer en Dragon ball Z. Por suerte, ahí tenían unos dispositivos que permitían revelar la verdadera energía de tu oponente. Pero en la vida real, y sobretodo en la cinematográfica, no disponemos de tal artilugio. Siempre da más miedo lo que no podemos medir, nos genera la duda. De ahí que la mayoría de los maestros de kungfu en las pelis sean señores adorables.

El mismo mal genio que un chihuahua

Freezer, y muchos otros malvados clásicos, nos demuestran que casi siempre se da una relación que establece, cual fórmula se tratase, que cuanto más indefenso y frágil parezca un villano, más poderoso será. Ahí tenemos todos la imagen de Joe Pesci y su retrato del mafioso sociópata de metro y medio.

¿Parece un tipo majo? Pues no le dejes un bolígrafo a mano

Así, si quieres crear un villano poderoso, busca un envoltorio que resulte frágil. Si consigues encontrar el equilibrio entre ese envoltorio y su poder, habrás encontrado un gran obstáculo para tu protagonista.

Si quieres ver un ejemplo algo más modesto de lo que estoy hablando, PINCHA AQUÍ o sobre las imágenes.

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