Todos tenemos libros que nos acompañan durante nuestra vida; algunos para bien, y otros para mal. Y luego están esos libros que descubres por casualidad, mirando en un estante. Te atrae su portada y piensas, ¿por qué no? Y de repente, sin saber por qué, el azar, las estrellas o lo que sea se alinean y te conectan con un libro que te acompaña toda la vida.

Seguro que ahora tienes un nombre en la cabeza, y si lo piensas con más detalle puede que te surjan varios más. En mi caso, hay un libro que releí y releí, y que era capaz de sorprenderme a cada página. Era de un autor del que jamás había oído hablar, pero que se basaba en la continuación de otro que sí. El autor era Stephen Baxter, y su libro se titulaba “Las naves del tiempo”. Era la continuación oficial del libro de H.G. Wells, y me atrapó durante días.

 

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El señor de abajo no es un hijo de Aznar

 

No lo hizo tan solo por lo entretenido de la trama, o por el estilo literario, o por las aventuras  que sucedían en él; había algo mucho más poderoso en sus páginas:

CONCEPTOS.

Los conceptos que planteas en un libro son los que se quedan en el paladar del lector, y los que recuerda mucho tiempo después. Esos mismos conceptos son los que nutren a los futuros autores, que parten de ellos de una manera directa o indirecta, consciente o inconsciente, y que muchas veces completan o moldean de nuevo. Eso está bien, y es el motor que nos hace avanzar.

No obstante, no debemos caer en una tentación que explicaré más adelante y que se resume básicamente en copiar y maquillar el concepto que te gusta, ya sea por admiración o por interés comercial.

Piensa en algún libro que te haya enganchado recientemente, y que te haya fascinado. Seguro que lo que más recuerdas son ideas concretas que estaban escondidas entre las líneas de sus páginas. Pueden ser puntos de vista sobre la vida que jamás habías observado, o una visión sobre cómo será el futuro, o un temor sobre el peligro de usar tal elemento actual, una nueva forma de héroe o villano, un mundo jamás conocido o simplemente una forma de encarar los problemas. Todos ellos son de alguna manera revolucionarios, y te aportan un punto de vista que jamás antes habías experimentado.

Piensa en todos esos libros que te han gustado, que te han dejado huella, y comprenderás que en realidad ese poso es un concepto.

Es por eso que a la hora de escribir un libro, cuento o relato, debes hacerlo porque tienes conceptos novedosos que contar. Tolkien los tenía: quería transformar la cultura, el lenguaje y la mitología que había estudiado en algo más, y generó todo un nuevo concepto.

Ahora piensa en los libros o películas que no te han gustado porque te han parecido superficiales o carentes de chicha, y verás que se debe a que no te aportaban ningún concepto nuevo. Esto sucede mucho con las modas. De repente Tolkien lo petó, y todo el mundo comenzó a escribir copias disfrazadas. Pero al leerlas, comprendes que no son más que ese otro concepto maquillado de manera burda, y te aburren.

Un caso más reciente es la saga de Los Juegos del hambre (no entraré en el tema de juzgar si se basó en la película Battle Royale). Después de su boom, aparecieron cientos de libros que plagiaban el concepto, cambiando el envoltorio. Así, encontrábamos lo mismo pero con laberintos, o mundos post-apocalípticos. Todos acabaron por resultar decepcionantes. Incluso cuando la misma saga de los Juegos del hambre intentó estirarse como un chicle, dejó de tener un concepto para volver a dar vueltas sobre el mismo, aburriendo soberanamente.

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“Me van a salir tres pelis como mínimo”

A Harry Potter le sucedió lo mismo. Tras su éxito, aparecieron cientos de libros con niños magos, o con la magia como eje, pero sin ofrecer nada nuevo, usando el molde de su predecesor sin aportar nada diferente. Es cierto que el público demanda un cupo de material similar al original, siguiendo la estela del éxito, pero siempre acaban en el olvido. Porque fue Harry Potter quien mostró un concepto nuevo, el que se adelantó al resto. Eso lo hacía tan poderoso y atractivo para el público.

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Sí, Ron, tú también eres atractivo para el público

Así que aquí va el siguiente consejo:

Cuanto más original y diferente a todo lo visto hasta el momento sea tu concepto, más posibilidades tendrás de atraer al gran público.

Si te fijas, la mayoría de la gente que empieza a escribir suele “plagiar” lo que le gusta. Es un error común querer plasmar el concepto que tanto admiras, ese que es de otro. Normalmente estas obras están carentes de imaginación, y acaban resultando repetitivas.

Son, como yo lo llamo: los HORRY POTTERS

Los Horry Potter vendrían a ser esos productos que venden en los chinos, y que plagian productos oficiales. Como les pasa a ellos, el autor se hace un buen lío, intentando plasmar un concepto que no es suyo, pero a la vez maquillándolo, de tal manera que acaba quedando algo raro y sinsentido, un quiero y no puedo.

Lo que, en una definición gráfica, vendría a ser esto:

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Un Horry Potter en toda regla

Así que ya sabes: si quieres atraer al gran público y destacar con tu obra crea un concepto poderoso, único y original, que jamás se haya visto. Cuando lo tengas, lánzate a por él. Verás que al plasmarlo enriquece, nutre y guía tu historia, dando profundidad y fuerza a los personajes, la trama y el entorno donde se desarrolla.

Pero si no quieres malgastar tu tiempo buscando un concepto original, siempre puedes dedicarte a escribir el guión de los espectáculos de Leticia Sabater:

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“Fronze”, el musical. Ya verás cuando saque “La serenita”

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