Seguro que muchas veces has escuchado que debes amar a los protagonistas de tus historias. Pero mucho más importante que amarlos, es odiarlos profundamente.

Sí, como has oído: debes odiar profundamente a los protagonistas de tus historias.

¿Por qué?

Porque debes odiarlos lo suficiente como para quererles poner en aprietos de los que no se libren, fastidiarlos de tal manera que su vida se convierta en una carrera de obstáculos, o aún peor: en un callejón sin salida. Debes convertir su existencia en una agonía.

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¡Holis, soy tu creador!

Y luego debes volver a amarlos profundamente, y buscar por todos los medios posibles maneras de sacarlos de ese abismo donde los has metido.

Por lo tanto, debes establecer una relación de amor-odio-amor con tus protagonistas; debes amarlos de tal manera que los animes a luchar por lo que más quieren, que les guíes en esa dirección. Y luego, cuando crean que pueden conseguirlo, ódialos profundamente, con toda tu bilis, de tal manera que les alejes lo más posible de ese deseo, que piensen que no tiene sentido luchar por él. Y luego, de nuevo, ámalos como jamás has amado, de manera que les ayudes a ver la luz al final del túnel y a encontrar una manera de conseguir eso que se han propuesto.

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¿Por qué me odia tanto el *** de mi creador?

Pero, sobre todo, deja que sean ellos los que lo consigan. Oriéntalos, dales pistas, llénalos de valor; pero jamás les resuelvas el problema, igual que dejas que un niño aprenda las cosas por sí mismo, siempre bajo tu atenta mirada.

Si a lo largo de tu historia aplicas esa relación de amor-odio-amor, conseguirás que tu personaje no tan solo sea interesante y activo, sino que crezca dentro de ese universo que has creado, e incluso lo supere.

Igual que en la vida real, aprenderá de esos momentos de crisis y de sus errores, así como de los aciertos que le han llevado a superarlos. Harás que ese pequeño ser que nació en la primera página de tu libro, acabe siendo alguien con un profundo conocimiento del mundo que le rodea, de ese mundo que has creado. Alguien con una reflexión que no tan solo le ayudará a él, sino que traspasará las páginas de tu relato y llegará a aquellos que viven fuera de su mundo.

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