A la hora de escribir una secuencia hay una norma básica que debes cumplir: sé un maleducado.

Sí, lo has oído bien. Cuando te plantees una secuencia debes ser un impuntual, llegando tarde a tus citas, y a la vez debes aburrirte fácilmente, marchándote del lugar donde estés le pese a quien le pese y pase lo que pase.

Si cumples esta norma, conseguirás dotar a tus secuencias de fuerza.

Por ejemplo, imagínate que tienes un personaje que debe acudir a una cita donde le espera su novia para hablar seriamente de romper su compromiso. Escribes la secuencia con el personaje aparcando su coche, yendo al parquímetro, poniendo la moneda, llamando al timbre de la casa, esperando a que le abran, subiendo las escaleras porque el ascensor no funciona, llamando al timbre de  la puerta y esperando a que le abra finalmente su novia y entre.

¿Te ha entretenido?

Ahora imagínate lo mismo, pero empezando la secuencia con el chico frente a la puerta y la novia abriéndole. ¿Crees que era necesario mostrar todo lo anterior? A no ser que  quieras dilatar la tensión a propósito por algún motivo que beneficie a la secuencia, no.

Ahora imaginemos esta misma secuencia en su final. La pareja ha discutido de una manera terrible y ella le planta un bofetón en la cara. Tras esto, el chico se marcha de la casa. Le seguimos de nuevo bajando las escaleras, dirigiéndose hacia su coche, abriendo la puerta del mismo, entrando, arrancando y marchándose. Tras esto, viene otra secuencia distinta en la que el chico le está contando a su mejor amigo lo sucedido.

¿Crees que era necesario dilatarla tanto?

Ahora piensa qué sucedería si la secuencia acaba con la bofetada de la novia, y pasamos directamente al chico con su amigo contándole lo sucedido. Gana fuerza, ¿Verdad?

Al estirar el final, provocamos que la secuencia se desinfle, como si se le escapase el gas. Cuanto más nos acerquemos a ese punto ideal donde debe acabar la secuencia, mucho mejor. Cuanto más cerca esté el final de la secuencia del momento climático de la misma (la bofetada) más poderosa será, y mayor poder tendrá la elipsis con la siguiente secuencia.

Pensarás que lo que te explico es obvio, ¿no? Tal vez se deba que el ejemplo que te he puesto es sencillo. ¿O no?

Porque… ¿qué pasaría, por ejemplo, si la secuencia que te he narrado comenzase con el chico discutiendo con la novia en su momento más tenso, y acabase justo antes de que ella le diese la bofetada, sin que sepamos cómo ha acabado la discusión? Imagínate entonces la siguiente secuencia, con el chico mostrándole a su amigo la marca de la mano de la novia en su cara.

¿No te parece más poderosa?

Este ejemplo que te expongo demuestra que muchas veces creemos que hemos empezado la secuencia lo suficientemente tarde y la hemos acabado suficientemente pronto, cuando en realidad podríamos haber recortado mucho más. Un ejercicio saludable es sacar la tijera y cortar más y más, retándote a descubrir hasta dónde puedes eliminar.

Cuando te pases de la raya lo notarás claramente, ya que la secuencia, igual que sucedía si nos íbamos al extremo opuesto alargándola, acabará desinflándose.

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Así que ya sabes: si quieres escribir, sé impuntual y abúrrete pronto.

Mientras piensas en todo esto, date una vuelta por MULTIVERSO EBOOKS 🙂

 

 

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