Todos tenemos defectos. Bueno, yo no, pero la mayoría de la gente sí. Y eso es aplicable a lo que escribes.  Incluso los héroes de nuestras películas o libros son imperfectos, y si no lo son nos aburren.

Tomemos como ejemplo Spiderman: pese a que es un tipo capaz de enfrentarse a cualquier enemigo, no tiene el valor suficiente para confesarle a Mary Jane que le gusta.

spider-man-y-mary-jane
¿Quieres rollo?

Tomemos como ejemplo a Star Lord de Guardianes de la galaxia: es un vividor pendenciero, algo egoísta y malhablado, y sin embargo nos atrapa.

Esto se debe a que sus defectos son pequeños comparados con sus virtudes.

Este es el gran axioma que define al héroe clásico de un cine comercial. Debe poseer una gran virtud, que sea empañada sutilmente por pequeños defectos.

Imaginémonos que Spiderman no tan solo fuese capaz de encararse a los malos, sino que no tuviese ningún problema para pedir una cita a Mary Jane. Nos parecería un personaje sin interés ni aristas, totalmente plano.

Imaginemos a Star Lord siendo un boyscout. Nos generaría repelús.

Resultado de imagen de star lord
¿Me compras unas galletitas?

Si repasas todos los héroes de cine y televisión que te gustan, verás que tienen taras o defectos. No obstante, esas taras no lastran al personaje como para hacerlo odioso.

Ahora imagínate que Spiderman fuese por un lado capaz de enfrentarse a los malos, pero que su pequeño defecto fuese “tener la mano muy larga con Mary Jane”. Vamos, que cada vez que viese a la chica se sobrepasase.

¿Te sigue cayendo bien?

Si la respuesta es sí, ve a un psicólogo.

A la hora de crear personajes, debemos hacerlos humanos, y por ello les asignamos virtudes y defectos. Si queremos crear un héroe clásico y comercial esos defectos deben ser realmente intrascendentes en comparación con sus virtudes.

Pero si decidimos acercar a ese personaje a un tipo de cine o literatura más alternativa, los defectos y las virtudes acortarán  sus distancias. Así, por ejemplo, imagínate a un personaje que renegase de su hija y fuese un mal padre, pero a la vez se dedicase a luchar contra súper villanos. Lucha por proteger al mundo, pero no a SU mundo.

En este caso nuestro personaje gana en claro-oscuros, en matices, y se vuelve más humano. Sigue siendo un héroe, puesto que su virtud supera a su defecto. Sin embargo, ese defecto ya no es tan residual o anecdótico; no es simpático ni cómico. Es un defecto más oscuro que enturbia la imagen luminosa del personaje.

Ahora imaginemos a un tipo cuyos poderes salvan al mundo del mal, pero que a la vez lo hace por  un interés económico. No hay más motivación que el dinero a la hora de defendernos, y además se aprovecha de su don para conseguir lo que quiere y a quien quiere.

¿Nos sigue pareciendo un héroe? Posiblemente sí, ya que se dedica a salvar el mundo. Aún así lo hace por un motivo nada altruista, y la distancia que separa sus defectos de sus virtudes es cada vez más estrecha.

Seguramente, mientras ibas leyendo todo esto, has ido sintiendo más interés por cada nuevo personaje planteado. Cuanto más oscuro se volvía, cuanto menos distancia había entre virtud-defecto, más complejo y atrayente se volvía nuestro protagonista.

Eso es debido a que las personas no somos binomios de virtud-defecto. Normalmente somos una amalgama de todos ellos en diferentes grados, y en muchos casos ambos polos opuestos comparten lugares comunes.  No somos blanco o negro, sino más bien gris.

A la hora de escribir, debemos tener esto en cuenta. Cuanta menos distancia dejemos entre los defectos y las virtudes de nuestro personaje, cuanto menos desequilibrada esté la balanza, más realista y profundo se volverá. Da igual el género que trates, da igual si es comedia o drama.

¡Pero ojo! Porque si no calculamos bien, si ese defecto gana más peso que la virtud, si invertimos lo papeles, entonces puede que entremos en el terreno del antihéroe o directamente del villano.

Porque eso son precisamente los villanos: personajes cuyos defectos superan a sus virtudes. Y en este caso se repite la regla anterior: cuanto menos distancia haya entre uno y otro más profundo será el personaje.

Por ejemplo, veamos un villano de James Bond. Su defecto es que odia al mundo y quiere destruirlo, matando sin ningún tipo de remordimiento. Su virtud es que tiene un gato al que parece tratar bien.

Resultado de imagen de villano james bond
Misi, misi…

Este villano tiene su virtud-defecto totalmente polarizado, y se acerca a un arquetipo más que a un personaje real.

Ahora pensemos en un villano más realista: su defecto es que quiere hacerse rico aunque eso  suponga asesinar a sus rivales, pero su virtud es que adora a su familia y ama profundamente a sus hijos. Ya no nos parece un personaje tan extremo, y comenzamos de alguna manera a entender sus intenciones, o como mínimo queremos poder justificarlas.

Resultado de imagen de villano uno de los nuestros
Somos malotes… pero te caemos bien

De nuevo, en este caso, cuanto menos distancia haya entre los defectos y las virtudes del villano más interesante y complejo se volverá, más sólidas serán sus motivaciones y más profunda será la historia. Y, como causa y efecto, más interesante se volverá el protagonista contra el que lucha.

No es raro encontrar películas con este tipo de malvados, en las que nos parece más interesante el villano que el héroe. Tal vez se deba a que el villano es de carne y hueso, mientras que el héroe es un estereotipo con grandes virtudes y pocos defectos.

Así que a la hora de crear personajes, sean villanos o héroes, piensa en sus virtudes y defectos y haz el ejercicio de intentar que ambos se toquen.

Ganarás en profundidad, y tu público lo agradecerá.

Ahora piensa en el personaje de Steve Jobs protagonizado por Michael Fassbender. ¿Es un héroe o un villano?

Si no puedes responder, has encontrado el equilibrio perfecto.

Antes de acabar… ¡no olvides pasarte por MULTIVERSO EBOOKS!

Resultado de imagen de steve jobs película
¿Soy héroe o villano?
Anuncios