Secundarios roba escenas

Secundarios roba escenas

Por fin he podido ver los primeros episodios de la nueva serie de Matt Groening, el creador de Los Simpsons y Futurama. (Des)encanto -así se llama la nueva producción- ha nacido envuelta en polémica.

Hay muchos que la odian, y otros tanto que la adoran. Sospecho que a muchos de los que les gusta es precisamente por su creador, y a muchos de los que no les gusta es por lo mismo. Muchos esperaban de Matt Groening una nueva obra maestra, y muchos otros a la vez quieren creer que esta nueva serie lo va a ser. En otro post hablaré de la serie más en profundidad, pero si hay algo que me ha gustado de ella es uno de sus secundarios: ELFO

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Elfo es el pequeñajo verde

Elfo es un claro SECUNDARIO ROBAESCENAS: un personaje que cuando aparece anula al resto y atrae la atención del espectador. Tal es su carisma (o anti-carisma), que creo que la serie hubiese sido la bomba si se hubiese centrado en él como protagonista. Veamos por qué.

Elfo es un duendecillo que vive en una aldea donde todo es felicidad y alegría. Pero él aspira a más, él quiere experimentar el mundo real, el sufrimiento y el dolor. Toma ya premisa. De entrada, la motivación de este personaje es contundente y a la vez original. Sin embargo, la premisa de la protagonista de (Des)encanto es liberarse de una vida como princesa. No sé a vosotros, pero a mí eso me suena a visto. En cambio, con Elfo sucede lo contrario. No tengo la más mínima idea de por dónde van a ir los tiros. A esta motivación tan genial se le une el hecho de que Elfo ha vivido entre algodones, en este caso de azúcar, y no tiene la más mínima idea de lo que es la vida real. Hasta tal punto que llega a mitad de una batalla sanguinaria donde todos mueren, y su comentario final es “la guerra no me disgusta, pero tampoco me entusiasma”. He ahí una línea brillante de diálogo para un personaje al que se le podrían sacar pepitas de oro. Porque cualquier guionista desearía escribir la historia de ese pequeño elfo descubriendo el mundo real, fascinándose por las cosas más absurdas, desagradables y cotidianas. Si hubiese un spin off de Elfo, lo vería sin dudarlo. 

Elfo no es el único ejemplo de secundarios robaescenas. Ahí está otro personaje de Matt Groening: Bender.

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El robot mexicano que tiene que beber para no oxidarse, ludópata y farrullero. Un personaje que hacía crecer Futurama cada vez que salía a escena. Sin Bender, Futurama no sería lo mismo. Él daba el contrapunto a Fry, y convertía cualquier aventura en una súper aventura gracias a sus enredos.

Existen muchos otros ejemplos de secundarios robaescenas. Si te has criado en España, viendo la tele en los noventa, seguro que recuerdas a este personaje y su mítica frase:

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¿He sido yoooo?

Steve Urkel de Cosas de casa (Family Matters) nació como un personaje anecdótico en la serie, el típico vecino plasta que está todo el día en tu casa. Pero los productores vieron que su popularidad iba en aumento, y que cada vez que aparecía se disparaban los audímetros. Así que Urkel pasó de ser un personaje chiste a un personaje principal, y poco a poco todas las tramas se fueron centrando en él y en sus peripecias. Con el paso de los capítulos, la familia Winslow dejó de ser la protagonista y se convirtieron en secundarios de este increíble personaje.

También encontramos en la serie reciente “How I met your mother” (Cómo conocí a vuestra madre) al robaescenas por definición: Barney Stinson, un personaje con un universo único y un marcado carácter que lo hacía un rompe convenciones sociales.

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Barney también se merecería su propio Spin off, que seguro disfrutaríamos.  ¿O no?

Cuidado, porque que un personaje secundario sea brutal no significa que pueda aguantar el peso de un protagonismo. Hay personajes que funcionan porque están dosificados en pequeñas pildoritas.  Son como la guinda del pastel, como el toque mágico de una escena. Funcionan precisamente por eso, pero en cuanto les damos más diálogo e incluso tramas descubrimos que se desmoronan, que su carisma no es más que una ilusión provocada por su fugacidad.

Imaginemos por ejemplo a Joey Tribbiani de Friends. Joey es un personaje gracioso y simpático, que aportaba el punto de locura a la historia. Pero a nadie se le ocurriría darle una serie. ¿O sí?

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Ups, mala idea

Pese a que en un principio podía parecer buena idea, la serie no llegó a funcionar. Eso se debe a que Joey era un buen personaje secundario, pero carecía de la enjundia y la profundidad suficiente para hacerlo crecer. No tenía los suficientes mimbres como para sustentar un producto propio, o tal vez los guionistas no supieron sacarle jugo a la historia de un actor fracasado que jamás llegaría a triunfar.

En Friends a nadie se le ocurriría darle un spin off a Phoebe. Es graciosa, histriónica y rompedora. Pero no es lo suficientemente profunda como para sustentar una historia por sí sola. Es, como yo lo llamo, un “personaje destellos”, aquel que tiene frases ingeniosas y situaciones que te descolocan, pero que no va más allá de lo que ves. Es todo fuegos artificiales, locura y caos, pero no hay nada detrás. Es cierto que intentaron dar profundidad al personaje con la historia de su embarazo, gestando a los hijos de su hermano y adelantándose a la polémica de la gestación subrogada. Pero aún así había algo que chirriaba. Con ella, una trama tan compleja quedaba en una mera anécdota. Imagínate que esa misma trama hubiese recaído sobre Mónica. No habría sido lo mismo.

Así que la próxima vez que veas una serie, piensa en todos esos secundarios que te encandilan, y hazte la pregunta: ¿podría ser este el protagonista de la próxima serie que me enganche?

Si quieres conocer a todo tipo de secundarios interesantes, no dejes de leer mis libros.

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