La Casa de las flores y la importancia del capítulo piloto

La Casa de las flores y la importancia del capítulo piloto

Este fin de semana me armé de valor y vi por fin una serie de Netflix que no es para nada de mi perfil. Se trata de “La casa de las flores, una producción mejicana que bebe del culebrón y aspira a ser una comedia americana, un cruce entre Mujeres desesperadas y Topacio que nos habla de una familia adinerada repleta de secretos y disfuncionalidades.

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Ejemplo de familia disfuncional

Lo hice porque todo el mundo hablaba maravillas de ella, así que seguí una regla que intento cumplir a rajatabla:

la juzgaría por su capítulo piloto.

En una época como la actual, donde estamos saturados y bombardeados por cientos de series, no podemos ni debemos pretender verlas todas. Hace unos años no era así: el producto que se nos ofrecía venía limitado con un cuentagotas, y nos enganchábamos a todo lo que nos ponían, llegándonos a tragar temporadas enteras. De ahí que todos tuviésemos los mismos referentes televisivos y hablásemos de lo mismo al día siguiente. Sin embargo, hoy en día ya no es así, y resultaría imposible seguir todas las series que se estrenan. Es por eso que el capítulo piloto de un producto define muchas veces su éxito. Si nos gusta veremos el siguiente, si no nos gusta lo dejaremos apartado.

Para que un capítulo piloto enganche tiene que tener varios elementos. Por un lado, debe dejar muy claro el conflicto de la temporada, la trama maestra que la guiará. Por otro lado debe marcar muy bien el tono del producto, indicarnos si es comedia, drama, si es alocada o sutil. Si el conflicto que nos plantea nos engancha lo suficiente, le daremos una oportunidad. Somos por naturaleza cotillas y queremos saber cómo acaban las cosas. Por otro lado, si el tono nos convence, también nos atrapará. No hay nada más fustrante que no entender el tono de lo que estamos viendo, nos hunde en un pozo de incertidumbre y desasosiego. En ambos caso, en el conflicto y el tono, cuanto más se acerque al gusto generalista más público quedará prendado del producto.

¿Qué me pareció entonces “La casa de las flores”?

Bien, digamos que vi un rayo de esperanza, pero se quedó en ese limbo, en esa tierra de nadie tanto en tono como en conflicto.

Por un lado, OJO SPOILER, el conflicto que plantea el piloto es el suicidio de la amante del patriarca en la fiesta de su cumpleaños.

¿Pero es esto realmente un conflicto?

No, esto tan solo debería ser el detonante del conflicto. Es decir, ese suicidio debería llevar a plantear el conflicto en ese capítulo piloto.

Por ejemplo, el suicidio es en realidad un asesinato, y uno de la familia ha sido el responsable. Esto ya podría engancharnos para querer ver el segundo episodio, dilucidando a lo largo de la temporada quién ha sido responsable. O, por ejemplo, el suicidio provoca que todo el patrimonio de la familia pase a manos de un hijo bastardo, quien a partir de ese momento será el responsable del destino de la familia. Esto también podría suponer un gancho para que el espectador quiera ver más.

A decir verdad, OJO SPOILER, el conflicto que deriva del suicidio se plantea en el segundo capítulo. Ahí descubrimos que la muerta poseía un club donde se reúnen travestis y personajes de lo más variopintos, y que va a pasar a manos de esa familia estirada y adinerada (o no, ya que se nos insinúa que están en números rojos). Ya tenemos un conflicto interesante, tan solo que en el capítulo que no toca.

Por desgracia, el piloto acaba con el descubrimiento del suicidio, sin más. No hay ningún motor activado por este hecho, tan solo el hecho en sí mismo. No me invita a seguir viendo un nuevo capítulo, ya que no me plantea un conflicto que vaya a provocar que los personajes choquen en episodios siguientes.

Por otro lado está el tono. La casa de las flores pretende ser un culebrón sin la parte de culebrón, y se queda en una comedia que no lo es, y en un drama que tampoco es. No se moja a la hora de plantear un tono, aunque se ve un  rayo de esperanza en la figura de una de las hijas del clan, el gran acierto de la serie: Paulina de la Mora.

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Su peculiar forma de hablar y el don de su actriz deslumbran en un capítulo piloto que no acaba de mojarse, y que nos promete una serie loca y atrevida. Pero, como comentaba, el resto del capítulo no lo hace, y Paulina se convierte en una pequeña islita en medio de un producto decente, pero que no arriesga.

¿Significa esto que la serie es mala? No, pero provoca que no tenga necesidad de ver el siguiente capítulo en un mercado saturado de productos. Por suerte, el boca a boca ha llevado a destacar la serie y provocar que mucha gente le dé una segunda oportunidad, que pase al segundo capítulo donde el producto crece y enloquece, y de ahí a devorar toda la temporada. Gracias a la era de la información que vivimos, ese boca a boca se ha amplificado por millones de voces, salvando al producto del anonimato. Por desgracia, si esto hubiese sucedido años atrás, sin esos medios, seguramente la habríamos abandonado tras ese primer capítulo.

O no, ya que no tendríamos mucho donde elegir.

Es por eso que no debemos olvidar la importancia de un capítulo piloto: puede encumbrar una buena serie, o hundirla en el infierno de los productos inacabados.

¿Y tú? ¿Has visto la serie? ¿Qué te parece?

 

 

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