CRÍTICA DE ARTEMIS FOWL

Disney ha estrenado directamente en su plataforma la película de fantasía Artemis Fowl, un historia sobre un chico con una mente brillante y un don innato para el crimen, en concreto el robo de guante blanco, no de esos de robarte la cartera mientras te tomas una cerveza en una terraza de un bar. El robo de guante blanco es elegante, requiere estrategia y sobre todo un enemigo poderoso. El de terraza requiere tan solo no ser muy patoso y algo de distracción. Y si han caído tres cervezas a través del gaznate del incauto, mucho mejor.

Pues bien, Artemis Fowl, pese a plantearse como una película con un ladrón de guante blanco, brillante y astuto, se queda más bien en lo primero.

¿Y por qué?

Porque la trama es tan confusa (y eso que en realidad es bien simple) que parece que seas tú, el espectador, el que se ha tomado una cerveza, o dos, o tres o vete a saber.

Cuento, sin spoilers, lo que plantea la sinopsis y el tráiler: el padre de Artemis ha sido secuestrado por un ser perverso y anónimo, y para salvarlo deberá recuperar un objeto random (en realidad no es random, pero el objeto da absolutamente igual en la historia, es un McGuffin de manual) y el chaval deberá conseguir el objeto. ¿Por qué no lo consigue esa mente tan perversa como para secuestrar al padre, un genio del crimen? Mejor no preguntemos.

Por desgracia, ese objeto está en mano de las hadas, unos seres que no son como nos los cuentan.

A partir de aquí, algo tan sencillo se vuelve una locura.

AHÍ VAN SPOILERS:

Porque, ojo, resulta que el objeto en realidad lo tiene escondido el padre, porque fue él quien lo robó. Y resulta que ese archi-malo capaz de secuestrar a este buen hombre, es incapaz de conocer este dato.

Total, que no acabamos de entender que motiva al villano a secuestrar al padre, si sabe algo o no lo sabe, si es consciente de que fue el padre quien se hizo con el objeto e intenta que se lo entregue, o sin embargo usa a su hijo para que se lo robe a sus legítimos dueños. Lo único que entendemos en esta película es que todo es tan confuso que no llegas a comprender qué sucede. Y ya te pueden poner efectos especiales, giros de guion loquísimos, que si no sabes lo que está pasando vas a desconectar.

No entiendes la trama y, lo que es peor, no entiendes a los personajes. Artemis se presenta como  un auténtico repelente, de esos listos que saben que son listos y van de me da igual todo. Pero luego de repente es un buen chico que no se entera del mundo que le rodea.

Al final, una premisa tan sencilla se vuelve ininteligible, no sabemos si porque faltan secuencias que lo expliquen, o si se ha sintetizado demasiado respecto a los libros.

Esto convierte una película con potencial, vendida como el próximo Harry Potter, en un bluff muy caro.

Cada vez que veo estas cosas, pienso en las películas que me han entretenido, y con las que he conectado. Cada una ha sido por un motivo distinto, pero todas tenían algo en común: su historia era limpia y comprensible, sencillas. Ojo, no ha que confundir sencillo con simple. Una historia sencilla puede estar presente desde películas taquilleras a películas más intimistas, desde películas de acción a películas de calado psicológico profundo. Piensa, por ejemplo, en Harry Potter. Su trama es sencilla: Harry es un pobre desgraciado, un don nadie, que un buen día descubre que es alguien especial y entra en una escuela de magia, donde deberá prepararse para repeler a su gran enemigo.

Artemis Fowl también tiene una trama sencilla: el mayor ladrón del mundo desaparece y su hijo descubre quién era en realidad, debiendo rescatarlo. A partir de aquí, todo es puro caos.

Y mucho, mucho aburrimiento.

Postdata: tampoco ayuda que el niño escogido como protagonista sea el ser menos carismático de la historia. Tiene el carisma de un troll convertido en piedra.

Y aquí tenéis el trailer, para que valoréis al bueno de Artemis.

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