El escritor no nace, se reescribe

El escritor no nace, se reescribe

El escritor no nace, se reescribe.

O, al menos, esa es la idea que hace que un escritor se convierta en buen escritor. Me explico. A mi entender, la parte realmente importante del proceso no es la escritura, sino la reescritura. Ese proceso en el que relees el manuscrito y empiezas a meter la tijera, a reordenar ideas, a deshacerte de otras, en definitiva, a hacer el trabajo duro. Porque escribir es fácil, es divertido, al menos para mí. Yo me lo paso bien porque me dejo llevar (como os conté en este post, yo soy más escritor liebre), y una vez acabada esa primera versión me siento satisfecho. Un manuscrito así puedo tenerlo en dos/tres semanas.

Pero la parte dura, la parte larga del proceso, viene luego.

Tras dejarlo reposar un tiempo, me meto de nuevo a releerlo, y entonces es cuando te das cuenta de toda la paja que tiene la historia, de los puntos inconexos o aburridos. Yo odio el auto-relleno que se hace muchas veces añadiendo pasajes que no aportan nada, o explicaciones demasiado largas, o descripciones eternas. Me gusta ser conciso. En este proceso de reescritura me releo el manuscrito puede que dos o tres veces. Lo que antes escribía en dos-tres semanas, ahora tardo tres meses en revisarlo. En este proceso, puedo tardar toda una jornada laboral de cuatro-cinco  horas en revisar siete u ocho páginas, y aún así sé que voy a necesitar pasar de nuevo por esas páginas dos veces más.

Mi experiencia me dice que una primera escritura y tres revisiones a este nivel son suficientes. 

Más me resultan contraproducentes, ya que me habré metido tanto en la historia que será imposible ser objetivo; en este punto, empezaré a dejar de ver la historia con cierta distancia, muy necesaria para esta fase de la revisión. Si quiero hacer una cuarta revisión, deberé dejar el manuscrito en barbecho durante un mes mínimo. El problema de eso es que, pasado ese mes, lo volveré a revisar y volveré a querer cambiar cosas, esta vez con sentido y de forma objetiva.

Porque, para desgracia del escritor (del escritor que se implica en su trabajo y que le apasiona), jamás un manuscrito llega a estar como uno quiere, siempre acaba viéndole defectos.

Así que ármate de paciencia, de café, aíslate por unas horas de tu vida y sumérgete de nuevo en tu historia.

Porque, como dice el cliché, lo importante no es el destino, sino el camino recorrido.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: